Bienvenidxs al espacio de reflexión de una treintona que no quiere caer en crisis gástrica por no decir todo lo que le pasa.
Con el pasar de los años he ido callando más cada día, a veces es por hastío y pereza de intentar explicar algo a personas que no, personas que nada tienen que ver con mi proceso de aprendizaje y de vida mucho menos. Otras veces es por cínica, prefiero callar antes de lanzar mi cinismo, mi ironía y responder de forma sarcástica algo que me parece obvio.
El silencio ha ido viniendo a mí en forma de respeto, en forma de tolerancia, vino en forma de "educación", de esa que te enseñan en el trabajo las personas que no sonríen nunca, el silencio me llegó como soledad y abstracción, llegó como atardeceres enteros en los espacios que han sido mi casa, el silencio nunca pudo callar a mi cabeza, a esos pensamientos que siempre fueron como un rápido de río, ahora el río es demasiado caudaloso, violento, sonoro, a veces es un río tormentoso, otros días se seca, unos es primavera y otros se congela.
El silencio es valorado por el consumo, un empleado silencioso, callado, sin expresiones faciales, que no muestre alegría, es un colaborador "eficiente" jamás se niega a un trabajo, asienta servilmente, encuentra placer en la falta de decisión, se envuelve en dinero para que nada más importe, entonces el silencio también vino con esos "compañeros" y con los "jefes" que nada saben de liderazgo.
Callé con personas al escuchar todo lo que tienen que "decir", callé con familia y amigos que daban su "opinión", callé con narcisos que siempre lo hacen todo mejor que tú pero jamás mejor que un niño japonés de 6 años superdotado, callé ante las injusticias y los actos serviles fueron apareciendo como si de alguien rendido se tratara.
Algo volvió, después de muchos años de silencios que se volvieron peso, frustración, dolor de cuerpo. Después de 6 años de cambios intensos en mí, 6 años de irme descubriendo la voz regresó, pero ya es una voz más adulta, una que no reclama pero dice las cosas de forma firme, que evita dañar a su paso, que si lo hace se disculpa.
Regresó una voz que creció, que volvió para cantar alto, que se ríe, que se mueve dentro mío hasta salir. A pesar de todo, me gusta la voz que tengo hoy, me gustan mis silencios y me siento bien con mis dos orillas, con esos silencios y esa templanza que hoy habla.
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