Ira
Te llamaría de alguna forma fuerte, serías un temblor a la madrugada, un fuego que baja a mis piernas y sube hasta mis ojos tornándolo todo a un rojo intenso.
Eres un calor que me hace explotar, que regurgita desde mi estómago, que acelera mi corazón, que hace que mis pupilas crezcan a tope.
Mi ira, un fenómeno que me mueve todo, que me deja temblando, que me ha hecho gritar, llorar, reír, romper cosas, que me ha salvado de tanta gente abusiva, que se ha vuelto más justa con el tiempo, ira nació un día, no recuerdo cuando fue, seguramente en un momento en donde todo confluyó para que aparezca.
Los humanos no estamos locos, tenemos sentimientos son procesar a la que llaman locura. Ira llegó a la vida en un día de locura, un día en los que parece que la vida no tiene sentido, ira era muy chiquita, no aparecía siempre, hablaba a veces y se calmaba después de sus enojos, de cositas que le cagaban el día pero que al final de cuentas eran más las cosas buenas.
Ira fue creciendo año a año, ira fue niña y luego adolescente, ira demostró su grandeza el día que murió su padre, el día que supo que ni la religión, ni los amigos, ni hablar, ni comer chocolate o salir a trotar iba a eliminar lo que la alimentaba, el dolor... ira ganó apodos con el tiempo, ya la conocían más personas, no era temida, ni respetada, ira vivía dentro, consumía de a poco, se apagaba a veces.
Ira dirigió a la banda de sentimientos, ira le enseñó al mundo su voz, su voto, ira protegía a la niña, a la adolescente, a esa mujer joven que veía con miedo la vida, ira entendió que no podría vivir todo el tiempo siendo como era, entonces aprendió a elegir sus batallas, a elegir sus palabras con certeza, a abandonar el motivo del odio, sea esto gente, trabajos, familiares, amigos, amores...
Hizo una vida, hoy se siente madura, hoy conoce cómo demostrarse en poder creativo, en esa belleza que quema como el arte en la madera, ira se volvió hermosa, apreciada para la niña, para la adolescente, para la mujer que protegía, entendió que ya no necesita tener los brazos con armas todo el día, entendió que puede ser una mirada únicamente, que puede ser límites y no castigo, que puede ser una orden que será cumplida a carta cabal y no una sugerencia de uso para los receptores.
Ira envainó sus armas, lleva un vestido rojo de cola con dos cortes en sus piernas hasta las ilíacas, un arco en su espada, es la guerrera, la protectora, la sanadora, ira es la que denuncia actos injustas, una activista de su propia vida, la armada de su propio continente, que ahora mira toda la bahía desde arriba por si algún barco enemigo vuelve y ella deba volver a actuar.
Le agradezco a ira y sus expresiones, agradezco la belleza en la que se convirtió, la necesaria expansión de su creación, la garra para conseguir lo que ama y la fuerza para proteger lo que siempre amó.

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