Pereza
Luces como luce el domingo amada Pereza, una nena que era presa de sí misma, de las circunstancias, que se hartó del bullicio, que sirve para recargar de energía a pesar de nunca tenerla.
Pereza era la madre de todos los vicios y todos los vicios eran Pereza.
Nació por hastío, en esa edad adolescente en la que ya no quieres levantarte de la cama. Creció en medio de las frustraciones del no poder cambiar nada, mucho menos poder cambiarlo todo...
A ella no le interesaba mover un dedo, se volvió una mueca al amanecer, se volvió la mala postura para sentarse, se convirtió en el silencio ante la lucha, en la negativa máxima a la diversión, en la mirada gacha para no conocer personas, para no conocerse a sí misma, para permanecer dormida, frágil, inmutable.
Pereza se encontraba con Estímulo a veces, quien le motivaba con desesperación, quien quería verla jugar de nuevo y salir limpia, guapa, completa a la calle, con quien quería hablar sin ser respondido con monosílabos.
Estímulo le preguntó por qué no hablaba tanto. Ella respondía con los hombros un poco, respondía con una ligera mueca, a veces movía las manos, viraba los ojos o simplemente contestaba ¡bleh!. Él la visitaba cada vez menos, no entendía la máscara, no entendía el pecado, no entendía la mediocridad, la falta de energía, la vitalidad perdida, la gana de encontrarse frente a la nada de Pereza.
No, no era ni mala, ni inútil, no era innecesaria, Pereza era un aprendizaje. Pereza era la calma que logra conectar después del hastío y la depresión, después de la falta absoluta, ella era la energía de rendición que da paso a lo nuevo, a lo creativo.
Pereza es la fuerza de la belleza de todo lo que es inútil en esta vida, para la sociedad como la conocemos... como la música o la poesía.
Ella era esa gana de no encajar, esa gana de abstracción.
Hoy Pereza despierta en las tardes de lluvia, al lado de sus seres amados, frente a una serie que le inspire y le haga sonreír un poco, ahora es la necesidad de no hacer nada para volver a tener fuerza para lograrlo todo.
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