Lujuria
Se convirtió en un bombón a los 12 años de edad, ella tenía energía sexual en cada paso que daba, en cada movimiento de su cuerpo, en cada mirada lenta y penetrante, en sus labios carnosos que parecían saborear el sexo cada hora del día.
Ella se sentía como el calor del Kundalini en el cuerpo, magia viva, vida arcana, cuerpo vasija que lo cambia todo, un antes y un después entre sus piernas, ella fue siempre la serpiente y la tentación.
Cuando fue creado el mundo ella vio la promesa de cerca, se le pegó la magia y el fuego creador en el cuerpo. La calidez de su cuerpo no lograba arrancar esa gratificación fugaz y estrictamente personal de la lujuria, ni para ella, ni para el resto.
Parejas sin fin iban y venían, tocando, mordiendo, acariciando, golpeando, cuerpos sudando juntos, tocando el nirvana al cerrar los ojos, llegando al infierno cuando los abría, todo acababa demasiado rápido, es poca la diversión, la pasión es muchísima.
Lujuria era saliva, humedad, sexo goteante y miradas lascivas que provocaban a la otredad. Pero todo acababa siempre, demasiado pronto, todo culminaba siempre en lo mismo, en el silencio incómodo, en la compañía innecesaria, en la molestia de entablar una cercanía más allá del orgasmo.
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