Apego Evitativo

 Ella era bastante sagaz para huir, una maestra en el fino arte de la desaparición voluntaria e incluso involuntariamente también se hacía humo, pretendía ser un fantasma bastante hermoso para todos sus demonios internos. 

Una vez me dijo que su cerebro buscaba incansablemente explicarle cosas a sus sentimientos, éstos últimos solo deboraban a su cabeza desde adentro de forma violenta, incandescente, incansable. Pensó que tal vez su mente debía escuchar a sus sentimientos y llegar a una tregua de una inclemente guerra de varios años que parecían haber durado toda la vida. 

Su espacio favorito era un río, los sonidos de las hojas, el maullido de un gato negro que era parte de ella, extensión de su inteligencia y habilidad de huida, en sí misma encontró un refugio y la soledad se volvió consejera y una amiga bastante fiel en realidad. 

Su frustración a la vida tal y como la conocía la volvió un agente despechado de una sociedad inhumana y enferma, una outsider, una amalgama de mujer invisible, silenciosa, imperceptible a la apatía generalizada. 

Su silencio tomó la forma de una lucha sin bandera, de una especie de huelga, su cara lo decía todo, lo gritaba todo, lo emitía todo a fondo sin ella captar el momento del gesto, su cuerpo se acercaba macabramente a seres bípedos sin que ella lo desee, su humanidad se rebeló de una forma jamás antes vista, brindando sonrisas a niños o ancianos sin que ella supiera. 

Su cuerpo amó, folló, gozó y se lastimó sin que ella pudiera moverlo desde dentro, tenía la razón, la rebelión siempre fue consciencia, gestación desde lo más profundo del inconsciente para salir en un guiño de ojo, en un saludo de abrazo, en un beso a otro. 

Cuando volvía montada en su caballo, haciendo mucho ruido para que su amigo se motivara y relinchara al compás de sus alaridos, cuerpo fingía y se volvía apacible, calmo, en una postura cero como la enseñada en el teatro, no podía leerla, no podía saber lo que pensaba, se volvía curvo, nada inquietante, para adentro para poder saludarla con una palabra de 3 letras -¡hey!.

Era una la persona, uno el silencio, una la mente, uno el cuerpo. ¿Cómo caminar así? tan ausentes y cercanos el uno del otro, ¡tan confundidos!, tan fuera del programa entre lo que en verdad quería hacer y lo que terminaba ocurriendo, ¿era eso un mal chiste? ¿La extraña creación de un bajo Dios? ¿La plastilina de un niño que jamás unió las piezas para que la criatura pudiera ser? ¿Qué es lo que en verdad era ese puzzle de persona, esa caminante, esa aurora boreal? 


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