Adán
Voy a hablar de como todo inició en el Edén y como todo terminé en el infierno.
Cada herida que miras en mi espalda es uno de mis amantes, pero esta cicatriz gigante en el pecho se llama Adán, el hombre perfecto, el destino hecho para mí y para quien se suponía yo debía ser. Él fue en su primer esplendor un gran amor, nacido de mi absoluta inocencia y de mi corazón entero, hoy ya quedan fragmentos de cosas buenas y malas que he ido dejado en varios cuerpos, algunos que no merecían nada fueron capaces de llevarse pedazos grandes de lo que alguna vez fue mi corazón, pero nadie lo vió tan entero, brillante y nuevo como Adán.
Él parecía sacado de un cuento sacro y perfecto, llegó a mis 13 años, vestido de nego a sentarse a mi lado. Entró por la puerta principal de la iglesia, no esperábamos a nadie más, la familia estaba completa esperando el rito inicial, yo estaba entre las últimas filas, vestía de blanco, mi pelo era largo, muy largo y yo sentía que se conectaba al todo. Regresé a ver a la puerta porque sentí una gran presencia, el bulto negro se hacía cada vez más real y yo podía enfocar mejor con cada paso, no podía dejar de mirarlo, él no me miraba siquiera, solo caminaba a mí como si yo fuera un imán y él mi otro polo. Todo fue tan natural, me tomó de la cintura y me saludó con un Hola, se sentía tan mío ese desconocido y él sentía que yo sería su esposa desde el primer minuto.
Se terminó el rito, Adán no despegaba sus ojos claros de mí, ese color miel con una estela verde que no olvidaré jamás, le miré y le pregunté si estaba de duelo, si había perdido algo, él me contestó que el color negro le hacía sentir bien y a salvo, su sonrisa me rebotaba en el cuerpo, el color miel ahora se podía sentir en mi boca, en mi cuerpo, sus dedos se quedaron marcados en mi cintura, su olor se quedó entre mi pelo y directo en mi nariz, Adán era hermoso, intoxicante.
Era difícil no mirarnos intensamente a los ojos, su posesión era más consistente con cada palabra, con cada gesto, con cara risotada, yo era muy ingenua, amante de los animales y la ternura, le llevé a ver unas cías de perro, él me tomó la mano y a uno de los cachorros como un pretexto para acercarse a mí en soledad, la primera de todo ese tiempo, nuestro primer minuto solos, nuestra conexión mediante seres que amaré así ya no tenga más corazón, un perrito, una criatura sublime y fiel como hubiera querido sea él mismo para mí porque hasta ahora yo lo soy con él.
Nunca repetí el nombre real de Adán, su nombre más antiguo habita en mi lengua y se pegó a mi paladar, fue el primer contacto con la magia de verdad de toda mi vida, yo era una pequeña bruja, él un joven escritor, los dos llenos de sueños, el sol brillaba más para ambos y la luna no paraba de orbitar, juntos fuimos estrellas, se sentía en cada beso que el tiempo dejaba de existir, era extraño sentirme tan suya, su olor y sus manos me envolvían todo el cuerpo como si fuéramos dos piezas de un puzzle destinadas a estar juntas para completar todo el canvas.
Era tan lógico y a la vez tan pasional que no quería dejar el Edén, que quería permanecer en ese estado alterado de consciencia donde sabes que ya perdiste la cabeza al primer segundo y que el resto del tiempo solo era para seguirme derritiendo encima de él, mi cuerpo encima de él era como si le pusieran oro fundido a una estatua de Donatello y él decidió quedarse con mi brillo, no me dejó despegarme, solo siguió caminando por todo el Edén, encontrando a Eva a su paso, olvidándose de todo lo que fuimos.
Yo sabía de Eva, de sus bondades, de su compatible suavidad con Adán, miraba todo mientras seguía brillando en su pecho mis ojos y mi sonrisa, ella se sentía cegada, Eva no era la más inteligente precisamente, pero siempre fue una mejor mujer que yo, ella era dócil y flexible, un carrizo en manos de Adán, él podía hacer todo con ella ysus elementos, mientras yo seguía brillando al rededor de su pecho.
La cicatriz se hizo el día que me arrancó, se quitó el oro del cuerpo lastimándose también, ninguno de los dos quedamos igual, solo Eva permanecía intacta, flexible, útil, ayudándolo a sanar de la quemadura de un elemento que arde a tan altas temparaturas como yo, se fueron juntos por el Edén y yo convertí mi elemento en líquido, mientras hervía y me quemaba, mientras me derretía en celos y odio, mientras buscaba mis pedazos en donde me arrancó de sí, me torné oscura.
Seguí mi vida y mis caminos ampliamente, busqué por encima de los cielos y por debajo de la tierra todo lo que me uniera a Adán y lo maté. Encontré buenos amantes con el tiempo, todos momentáneos, todos una estela y mala copia de un Adán, ellos me amaban y me odiaban porque no les permití ser su pertenencia, ellos buscaban una Eva también.
Yo sigo caminando, sin ganas de pulir este oro oscuro en el que me convertí, sin ganas de que miren más allá de lo permitido, por respeto a quien una vez fui y por amor a Adán y sus misterios. He amado, fallado y follado en la misma medida, he clavado mis garras y mis dientes entre más bestias y demonios, me reconstruí sola miles de veces y me gusta quien soy, porque yo puedo ser por mi misma sin necesidad de Adán y eso es porque... al final del día yo no soy Eva, yo soy Lilith.
Comentarios
Publicar un comentario